Disparo, casquillo: Detalle, de-Tallón

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La verosimilitud está en el detalle, sostenía Chejov. Cuando lees no vas sino buscando detalles, que son los que a la postre permiten creer en lo que se cuenta. Incluso descifrar el secreto de un libro.

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Truman Capote cuenta en el prefacio de Música para camaleones que la escritura es divertida y fácil hasta que te exiges descender al fondo de los detalles, donde todo es oscuro y a menudo se avanza a tientas. «Dejó de ser divertido cuando descubrí la diferencia entre escribir bien y mal; y luego hice otro descubrimiento más alucinante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil, pero brutal». Eso coincide con la definición exacta del detalle: algo sutil pero brutal. Quién podría leer un libro sin detalles. Los escritores de ficción a quienes no les preocupan los detalles concretos incurren en eso que Henry James denominó especificación endeble. El ojo se escurre sobre las palabras de la página mientras la atención del lector se despista.

La literatura es un descenso endiablado al detalle. Casi puede escucharse la palabra «¡banzai!» antes de la explosión de uno de ellos, iluminando el libro en la oscuridad. Los escritores son distintos unos de otros en función de sus detalles. Los detalles generan tu estilo. «¡Acariciad los detalles! ¡Los divinos detalles!», recomendaba a sus alumnos Nabokov, que era un tío que escribió Pálido fuego, pero que era feliz simplemente persiguiendo mariposas.

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Juan Tallón

Extracto de Un detalle de mierda, artículo publicado en Jotdown y firmado por Juan Tallón.

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Férrea y detalladamente de acuerdo. Desde pequeño me persiguen y me apasionan los detalles. Marcan la diferencia, y la diferencia es precisamente lo que siempre he buscado. Lo genuino. En mí, en los otros, en el arte, en la vida. Los detalles. Cuando jugaba con los Playmobil, cuando leía por tercera vez la trilogía de Tolkien sin haber cumplido los trece. Cuando me enamoraba precozmente de las chicas por una mirada desenfilada, por una sonrisa torcida. Y cuando aún lo hago por unas manos bonitas y femeninas. Los detalles. Cuando me transportaba escuchando Lateralus y me paralizaba contemplando Medizine, de Klimt. Cuando perdía el habla viendo Drive. Cuando describía el original arma homicida de mi primer relato, las peculiaridades de sus personajes. Y cuando aún lo hago, años después, en la escritura de la cuarta novela.

Los detalles mantienen viva la ilusión.

Mantienen viva mi vocación.

Fascinación y pasión por el detalle.

Arriba y abajo, imágenes de Natalie Portman en Closer y Black Swan, respectivamente. Lo dicho, pura fascinación. La belleza platónica se alcanza por detalles. Y por ellos, desgraciada y paradójicamente, ella es inalcanzable.

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